Hoy me encuentro en mi segundo hogar, la ciudad bella de West Liberty, Iowa, donde trabajé los primeros diez años de mi vida professional y donde ahora voy a seguirla después de haberme graduado con una maestría en la Lingüística española. Estaré dando el cuarto grado para este año que viene, en un salón bililingüe, parecido a lo que hacía en antes.
Siempre es bueno verte con las personas que no has visto en mucho rato. Al entrar la oficina hoy oí la voz cantadora de mi gran amiga Leticia Escobedo y a pasar por los pasillos veía a otros conocidos que no había visto en mucho tiempo, en algunos casos por dos años desde que me fui. Es una sensación singular--la semana que viene no sentiré esto a verlas, pero ahora sí lo siento. Los concierges me han enseñado a un clóset dónde habían guardado varias cosas mías, aunque las había dejado en el salón hace dos años. No sé si sea señal de respeto o fastidio que no las llegaron a botar....
Pues ya que he visto el salón, agarrado mi computadora y borrado todos los benditos emails que se habían acumulado durante dos años (¡quedó activado mi cuenta!), me siento con unas ganas de comer y no hacer un coño. Cuando fui a calendar los frijoles que me traje, agarré una cucharita y con sorpresa vi que la cucharita es de mi casa.
Y todos pasan y me dicen "Hola, ¿cómo estás?, ¿cómo te ha ido?" y yo respondo de igual manera. Mis hijos juegan en el pasillo a espadas con el hijo de una amiga que también está armando el salón y la música del fondo es "Comfortably Numb" de Pink Floyd.
Y todos pasan y me dicen "Me alegra que estés aqui de nuevo, pero la verdad no pensé que ibas a regresar. ¿Por qué has vuelto?" Y no sé que decirles, sino que he regresado y punto. Tal vez debo de sentir alguito diferente o raro o agradable o desagradable, pero no es así. Simplemente estoy y punto. Soy la cucharita que nunca llegó a irse.
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