Monday, June 27, 2016

Of baseball and real life

When I went to bed tonight, I was torn. What should I read as I settled in for sleep? Should I play around wth my baseball leagues? Or read some spirituality to reflect on as I fell asleep?

In the end it wasn't a fair contest.  Baseball ALWAYS wins.

And anyway, I'm not so sure they're all that different.

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The boys had baseball tournaments last weekend.  I coach Niko's team.  Saturday morning, we were playing for a spot in the championship game.  We were down  8-5 going into the bottom of the last inning.  We scored a run, loaded the bases.  Flyball--we sent the runner. It was gonna be 8-6!!

He didn't slide into home as the throw came in. He was safe, but he was out. Just like that, it was over.  The kids, shocked. Denied a shot at the championship on a technicality.  Tears.  Lots of tears.

We played again at one, for a chance to play for third place.  We didn't play well.  We were down one going into the bottom of the last inning.  We put a runner on and he scored.  We moved another runner to third. Our batter walked, which means he got to use the tee. He drove it into right. The winning run touched the plate.  I almost screamed with ecstasy but settled for a fist pump. Our kids were overjoyed.  The thrill of victory.

Across the way, the other team was--literally--in tears.  Hard, streaming tears. Complete devastation.
The agony of defeat.

We met at home plate.  "Good game," we said. And we meant it. Three hours earlier that had been us.

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It will be a while before we play another baseball game.  But until then, pump your arms when you win. Don't be afraid to cry when you leave it all out there and you lose.  And may you have more--even just a little more--of the former.


Beijinhos, Mark

Sunday, June 19, 2016

Sample of my Translation: "Encounter"

Translated from Born in Blood and Fire by John Charles Chasteen, with permission from the author for educational purposes only.

EL ENCUENTRO
Hubo gente indígena que habitaba casi cada centímetro de las Américas cuando llegaron los europeos y los africanos.  Los desiertos y los bosques no eran tan densamente poblados como los valles fértiles, pero no hubo ninguna parte del continente que carecía de personas quienes vivían de la tierra y se consideraban parte de ella.  El Encuentro entre los americanos nativos y los europeos constituye un momento definitivo en la historia mundial: ni el “Viejo Mundo” ni el “Nuevo Mundo”, como ellos apodaban a las Américas, sería igual después.  Para América Latina, la conquista y la colonización por los españoles y los portugueses creó patrones de dominación que se hicieron de lo más natural, como las marcas permanentes y profundas del pecado original.
Los invasores ibéricos de América no eran, en lo personal, más pecadores que cualquier.  Vinieron a las Américas buscando el éxito en los términos dictados por su sociedad: las riquezas, el privilegio de ser servidos por otros, y una afirmación de justificación religiosa.  No tiene sentido que nosotros juzguemos su calidad moral como seres humanos porque ellos nomás vivían por la lógica del mundo como ellos lo comprendían, igual que nosotros.  El pecado original quedaba en la lógica, justificada en términos religiosos, que asumía un derecho a conquistar y colonizar.  Por una manera u otra, la lógica europea de conquistar mal influyó el Encuentro desde México hasta Argentina.  El escenario básico variaba según el ambiente natural y la manera indígena de vivir al llegar los invasores europeos.
PATRONES DE LA VIDA INDÍGENA
Los pueblos indígenas de las Américas se habían adaptado a la tierra en varias maneras.  Algunos eran no sedentarios, una adaptación a los ambientes difíciles como los desiertos norteños de México, el territorio de los Chichimecas.  Los pueblos no sedentarios vivían una existencia móvil como cazadores y recogedores, y este movimiento mantuvo a sus grupos pequeños y su organización social relativamente sencilla.   Muchos de estos grupos habitaban a las planicies vacías.  Las planicies áridas constituyen una gran parte del interior de América del Sur, ocupada en ese entonces por tribus de cazadores y recogedores.  No eran exactamente bosques ni praderas en el momento del Encuentro.  Esta tierra era habitada por varias clases de arbustos pequeños que, como en el área noreste de Brasil llamado el sertão, podrían tener espinas y perder sus hojas durante la temporada seca.  Los pueblos Pampas, quienes dieron su nombre a las praderas argentinas, también eran no sedentarios.
Otros indígenas americanos vivían en el bosque.  El cazar era importante también para ellos, pero la abundancia de lluvia que caracteriza a la mayoría de los bosques hizo que estas gentes podían depender de la tierra de una manera que las gentes no sedentarias no podían, así que estas gentes eran muchas veces semi-sedentarias.  Sus prácticas agriculturas fueron adaptadas a las tierras poco espesas tropicales.  ¿Tierras poco espesas? Sí: la vegetación exuberante de las selvas produce una impresión errante.  Los de afuera piensan en estos bosques como “junglas”, una palabra que sugiere una fertilidad que se apodera de todo sin parar.  Así, por ejemplo, un texto geográfico de 1949 se refiere a “la fecundad y la ferocidad todopoderosas de la jungla”.   Dicha la verdad, la vitalidad hermosa de las selvas reside no en la tierra, sino en cosas vivas, como los insectos, árboles, y varios epífitas de los árboles que no tienen ningunas raíces en el suelo.  Particularmente en las grandes selvas tropicales de la cuenca del Río Amazonas, las tierras son de una fertilidad marginal.  Una vez que son despejadas para la agricultura, estas tierras suelen rendir a niveles decepcionantes después de unos pocos años.  Por ende, los pueblos que vivían en los bosques tropicales practicaban una “cultivación movedora”, a veces llamada “cortar y quemar” por la manera en que despejaban a sus jardines.  Las gentes semi-sedentarias construían aldeas, pero las movían frecuentemente, dejando que los viejos jardines se absorbieran de nuevo por la selva, y abriendo nuevos en otro lado.  La cultivación movedora, entonces, fue una adaptación exitosa a uno de los ambientes más fuertes del mundo.  Las sociedades semi-sedentarias, como los Tupi de los bosques de Brasil y muy conocidos, se organizaron por tribu y papeles de sexo, pero no por clase social.  Tampoco construyeron imperios.
Finalmente, algunas gentes indígenas eran completamente sedentarias.  El asentamiento permanente, normalmente en mesetas altas en vez de bosques, hizo que sus sociedades fueran más complejas, y algunas construyeron grandes imperios, especialmente los famosos imperios Azteca, Inca y Maya.  No obstante, no todos los sedentarios tenían imperios.  Lo que tenían en común todos eran formas estacionarias y sostenibles de agricultura.  Por ejemplo, la capital del Imperio Azteca—más populosa que Madrid o Lisboa—fue alimentada por una manera bastante ingeniosa.  Tenochtitlan fue rodeada por el agua de un lago por todos lados, y en estas aguas los habitantes de la ciudad construyeron plataformas jardineras llamadas chinampas.  Depósitos diluviales renovaba su fertilidad en periodos regulares. Los constructores del Imperio Inca tuvieron su propia forma elaborada de agricultura sostenible que involucraba a cuestas en terrazas, la irrigación y el uso de los desperdicios de pájaros, llamado el guano, como fertilizante. Una base permanente de agricultura permitía el crecimiento de conglomeraciones más grandes y densas de personas, la construcción de ciudades, la especialización de la labor—muchas cosas. No todas eran buenas.  Mientras las gentes no sedentarias o semi-sedentarias tendían a ser sociedades igualitarias, donde las personas más destacadas se hacían líderes por sus cualidades personales, los grupos completamente sedentarias eran fuertemente estratificadas por clases.  Los Aztecas, Incas y Mayas tenían todos noblezas hereditarias cuya especialidad era la guerra.
Es importante notar que los nombres Azteca e Inca se refieren a imperios y no, estrictamente hablando, a sus habitantes. Los que reinaban al Imperio Azteca era una gente llamada las Mexicas, quienes dieron su nombre a México.  Las Mexicas guerreras vinieron relativamente tarde al valle fértil donde construyeron su asombrosa ciudad, Tenochtitlan, por un lago en la sombra de grandes volcanes, pero heredaron una civilización que había desarrollado en las tierras altas centrales de México por miles de años.  Por ejemplo, la gigantesca Pirámide del Sol, la pirámide más grande de la Tierra, se construyó mucho antes de que llegaran las Mexicas.  Temprano en los años 1400, las Mexicas eran tan sólo uno entre muchos grupos quienes hablaban náhuatl, la lengua común entre las ciudades-estados de la región.  Pero conquistaron una gran parte de México central durante los próximos cien años. Tenochtitlan, la capital imperial, era un complejo vasto y repleto de torres, palacios y pirámides que, según el español estupefacto Bernal Díaz, subían como un espejismo de las aguas del lago que lo rodeaba, vinculado a tierra firme por una serie de derechos y anivelados pasos elevados. “Estuvimos sorprendidos y dijimos que estas cosas parecían encantos de un libro de aventura,” escribió Díaz, describiendo la primera vista de Tenochtitlan de los españoles.
Desde una imponente ciudad capital en un valle alta andina lejos hacia al sur, el aún más grande Imperio Inca había crecido tan rápido y recién como el Imperio Azteca.  La capital Inca se llamaba Cusco, que significa “el ombligo del universo”.  Hoy en día se habla de “los Incas”, pero el nombre Inca en realidad se refería a sólo el emperador y su imperio.  Étnicamente, la gente de Cusco eran hablantes del quechua, y ellos también procedían de una larga historia de evolución cultural en los Andes.   Las maravillas arquitecturales del Cusco—paredes resistentes a los terremotos con piedras conectadores—eran una técnica vieja entre los constructores andinos.  Herederos de civilizaciones antiguas, los imperios Azteca e Inca eran más nuevos y frágiles de lo que parecían.
Los Maya no eran tan inclinados al imperio.  Comenzando mucho más antes que Tenochtitlan y Cusco, varios ciudades-estados con imponentes centros ceremoniales controlaban a Centroamérica: Tikal, Copán, Tulum, Uxmal.  Sus logros culturales en el arte, arquitectura y astronomía, entre otros, eran entre los más impresionantes en toda América.  Pero los Mayas no crearon un imperio que fuera rival al de los Incas o Aztecas.  Y si se puede decir que hubo un punto alto en el Imperio Maya, fue muchos siglos antes de la llegada de los europeos, así que no figurará mucho en nuestro cuento. 
En el momento del Encuentro, entonces, la mayoría de Latinoamérica era habitada por gente no sedentaria o semi-sedentaria, como los Pampas de Argentina o los Tupis de Brasil.  Hoy, no quedan muchos de sus descendientes; las grandes poblaciones indígenas de Latinoamérica se han descendido de los granjeros sedentarios, entre los cuales muchos vivían bajo el reino Azteca, Maya o Inca hasta que llegaron los europeos.  ¿Por qué sobrevivían ellos mientras los demás murieron?  La respuesta es compleja, pero explica mucho sobre Latinoamérica.  Requiere, primero, algo de información de fondo sobre España y Portugal, juntos bajo el nombre geográfico Iberia.
LAS ORÍGENES DE UNA MENTALIDAD CONQUISTADORA

En los 1490, cuando los europeos salieron de sus naves pequeños para ver por primera vez a los americanos indígenas, la pregunta más grande era como cada uno se reaccionaría al otro.  Éste sí que fue un verdadero encuentro cultural, un choque de valores y actitudes.  El punto de vista de los españoles y portugueses, al igual que su retórica conquistadora, se había formado por la historia de la península Ibérica.